lunes, 1 de marzo de 2010


Cuando Churchill y Roosevelt atraviesan el manto que divide el mundo de los vivos del de los muertos, encuentran sentado de un rincón húmedo y oscuro a Hitler, con las manos en las rodillas y la cabeza agachada.

- Pobre - dice Churchill - nunca pudo recuperarse.

- En la gran batalla de la humanidad sólo podía haber un vencedor y a nosotros nos tocó ganar - vocifera Roosevelt con cierto aire burlón.

En eso, se ve como Hitler levanta la mirada, tranquilamente se pone de pie, sacude su sombrero y se acerca a Roosevelt.

- Amigo mio, la gente hablará de los campos de concentración durante siglos, mis ejércitos causaron más bajas en sus tropas que los suyos en las mías, eso sin contar a los inocentes que murieron bajo métodos inimaginables de tortura, luché solo contra Francia, Inglaterra, Rusia y Estados Unidos y casi gano. La gente recordara mi nombre, los niños me temerán sin conocerme; pero usted mi estimado Franklin, no es nadie,nadie le teme, nadie lo recordará, y cada vez que su nombre sea nombrado será por relación al mio. - Hitler se da la vuelta y se acomoda el sombrero mientras regresa a su rincón y grita - La inmortalidad griega amigo, la inmortalidad griega; dígame ahora ¿quién fué el ganador?

2 comentarios:

Antonio de Neza dijo...

Está rifado men, me latió... Franklin? Roosevelt?... jejeje...

Andrea. Islas Mtz dijo...

Ya escribe, que me aburro con tanto blog de`pastelillos parlantes, apenas si me da " me tacho la doble", y la bitacora que no cuenta nada,¿ en que ocupo mi ocio sino es en leerte?